Una paleta de tonos grisáceos cubre el cielo de Madrid. El empedrado mojado y las mesas de las terrazas empapadas pronostican que ha sido una noche pasada por agua. Pese a la sensación de que el tiempo se ha detenido, vagamente amanece en la plaza Mayor. El corazón de Madrid empieza a despertar. Aquí me doy cuenta que estoy ante un universo en sí mismo. Pero dividido en dos: la propia plaza y el mundo bajo sus arcos.

Amanece en la plaza Mayor
Entrada a la plaza Mayor por la calle de la Sal

Es sábado por la mañana y el agua da una tregua. La plaza Mayor es un gran teatro sin techo y su director principal es Felipe III. Bajo su atenta presencia los actores, personas (o personajes de lo más variopinto) realizan su función a diario. Los primeros en aparecer son los artistas callejeros que toman su posición privilegiada en la plaza. Aquí encontramos todo tipo de personajes que divierten a pequeños, y a no tan pequeños.

Alrededor de paraguas de colores empiezan a aglutinarse decenas de personas hasta formar una enorme mole; que se mueve por la plaza hasta que poco a poco la abandona. Y es que, los free tours están de moda y desde aquí suelen empezar su visita matutina.

Amanece en la plaza Mayor
Fachada de la casa de la Panadería

Llama la atención la gente deambulando por la plaza. Mis oídos se agudizan y mis ojos penetran en sus rostros. Distingo acentos conocidos: inglés, italiano o valenciano… Hay grupos de personas que los identifico claramente por sus rasgos asiáticos. Algunos de ellos protegiendo sus bocas con máscaras (espero que no sean chinos de Wuhan). Hay hombres -que por sus rasgos delatan que son los abuelos acompañando a sus nietos-, y que mientras señalan con el índice a la casa de la Panadería, les susurran algo al oído. Seguro que cuentan alguna de las miles de historias que atesora la plaza Mayor… De todos los rincones del mundo hay gente callejeando y contemplando la belleza del Madrid de los Austrias.

Amanece en la plaza Mayor
Artista callejero haciendo pompas de jabón gigantes

Siguiendo mi paseo por la plaza me adentro bajo sus arcos. Se podría definir como un microcosmos. El amanecer tardío del día hace que la magia se apodere del lugar. La gente que habita bajo estos arcos, poco a poco van desmontando esos improvisados campamentos que les resguarda de la fría noche. Son los guardianes de la plaza y también son parte de la misma.

Estas bóvedas son el corredor que da entrada a las tiendas de la plaza Mayor. Las hay de todo tipo; algunas son centenarias y otras abrieron apenas hace unos días. De los comercios “de toda la vida” hay dos sombrererías: Casa Yustas y La Favorita. En ambas venden gorros, boinas, parpusas –gorra de la indumentaria tradicional madrileña- y sombreros. Y es que por lo que parece, en Madrid suele tener inviernos largos y fríos, y hay que abrigarse.

Amanece en la plaza Mayor
Tienda de regalos Bazar Arribas

Me paro en otro lugar, en este caso en Bazar Arribas -una tienda de regalos y juguetes antiguos-. Su escaparate se asemeja más a un museo que a una tienda. Pero es lo bello del lugar, los románticos todavía descubren aquí detalles que son difíciles de encontrar hoy en día. Junta este negocio, tiendas de filatelia y numismática también luchan a contrarreloj el paso del tiempo.

Amanece en la plaza Mayor
Sevillana sin cabeza contempla la plaza Mayor

Llegamos al mediodía y la plaza Mayor está en su mejor esplendor. Los primeros turistas toman su lugar privilegiado en las terrazas de míticos bares para contemplar esta inverosímil amalgama. Y es que, aunque, haga un día gris, la plaza Mayor siempre tiene vida y está repleta de detalles que debemos descubrir. Este lugar puede darse el orgullo de poder atraer a cualquiera. ¿Os animáis a conocerla?

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